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No siempre hay que besar la mano...
El discurso del privilegio
por Luis Britto García*
Todos los vecinos de mi barrio
duermen siesta.
Pero hay chicos
que golpean puertas
fastidiando.
Piden pan
y no dejan escribir
los mejores poemas
sobre el hambre.
Jorge Montealegre: "Alta poesía"
Todos somos café con leche. No hay diferencia social. Quien estudia, llega. No estudia quien no quiere. Este es un país de oportunidades. Todos somos hermanos. Aquí no hay prejuicio. Aquí no hay discriminación. Aquí no hay distancias. Todo el mundo te trata de tú. Todos pueden hacerse ricos. La gente está contenta con lo que tiene. Aquí no hay desigualdad. Los amos quieren a sus esclavos como hijos. Los esclavos quieren como padres a sus amos. El discurso del privilegio es igualitario.
Nosotros. Los que nos diferenciamos de los otros. La gente. La gente pensante. Los pocos. Los pocos y selectos. Los pocos que sólo somos comprendidos por poquísimos. Los que no somos comprendidos. Los que no nos dirigimos a todos. Los que no permitimos que nadie se nos dirija. Los que no tenemos interlocutores válidos. Los que sabemos hablar. Los que sabemos hablar inglés. La meritocracia. La crema. La última cola del desierto. Los que somos publicados en los sitios adecuados. Los que copamos las instancias de legitimación. Los que manejamos los instrumentales del discurso. Los que ejercemos la veridicción. Los que dominamos las ciencias del lenguaje. Los que monopolizamos los términos. Los que no necesitamos las palabras. Los que nos expresamos con propiedad. Los que nos expresamos con la propiedad. La gente de los medios. La gente de medios. Los únicos que podemos hablar. Los únicos que debemos hablar. Los únicos. El discurso del privilegio monopoliza el privilegio del discurso.
El pueblo está callado. Calma y cordura. Aquí nos queremos todos. Nadie abriga resentimientos. No hay motivos de conflicto. Aquí nunca pasa nada. Ningún escándalo dura tres días. Se acaba la fiesta y todo el mundo a su casa. Somos pura bulla. Todo se negocia. El venezolano olvida. No hay mal que dure cien años. Mientras el palo va y viene, las espaldas descansan. Este es un pueblo sano. Todo se perdona. La conflictividad es inventada por agitadores de oficio. El discurso del privilegio es ataráxico.
Pobre, economiza. Explotado, produce. Hambriento, ayuna. Tiranizado, obedece. Oprimido, resígnate. Analfabeto, ignora. Humillado, humíllate. Amordazado, cállate. Manso, acobárdate. Despojado, sacrifícate. Encadenado, aquiétate. Olvidado, bórrate. Incomunicado, aíslate. Alienado, globalízate. Marginado, exclúyete. Enfermo, muérete. Desposeído, defiende lo que no tienes. Víctima, inmólate. Sacrificado, comparte el sacrificio. Sin tierra, desterritorialízate. Desesperado, no caigas en la tentación de la esperanza. El discurso del privilegio desalienta a quienes no tienen nada, salvo la esperanza, a favor de los que tienen todo, salvo esperanzas.
Después. Más tarde. Más adelante. A posteriori. Mañana. En la otra vida. No hay prisa. Los grandes proyectos deben meditarse en calma. No hay que quemar etapas. Tras la formación de ciudadanos. Tras el proceso civilizatorio. Tras la formulación del proyecto. Tras la creación de vanguardias ilustradas. Tras la necesaria acumulación de capitales. Tras la industrialización. Tras la formación de una verdadera clase obrera. Tras la modernización. Tras el desarrollo. Tras la integración de las élites. Tras la unificación por la guía eclesial. Tras la globalización. Tras la aplicación integral de los paquetes económicos. Tras la inserción en el mercado internacional. Tras la renuncia a la esperanza. El discurso del privilegio es postergatorio.
Siempre habrá pobres y ricos. Siempre habrá privilegiados. Siempre se heredará la propiedad. Siempre se heredará el poder político. Las leyes de la economía de mercado. Las leyes de la evolución. Las leyes de la genética. Las leyes de la vida. La ley del triunfo de la civilización sobre la barbarie. La ley del triunfo de la raza superior. La ley del Talión. La ley del revólver. La ley del más fuerte. El discurso del privilegio se confunde con la ley natural. El discurso del privilegio se confunde.
El venezolano es flojo. El venezolano es desordenado. El venezolano es impuntual. El venezolano es derrochador. El venezolano es atrasado. El venezolano es incumplido. El venezolano es machista. El venezolano es autoritario. El venezolano es vulgar. El venezolano es rentista. La patria huele a nigua. Este es un país de mestizos. Negros. Indios. Zambos. Bembúos. Camisas de mochila. Gentuza. Desdentados. Zarrapastrosos. Alpargatúos. Pata en el suelo. Malandros. Vándalos. Bestias. Monos. Primates. Micos. Macacos. Chimpancés. Niches. Pelomalos. Tierrúos. Turba. Escoria. Horda. Chusma. Especimenes. Ralea. Jauría. Bandas. Lumpen. El discurso del privilegio en cuanto califica se descalifica.
No debemos pronunciarnos pero me pronuncio. Renunciemos a la opinión, pero opino. Es vacuo condenar o absolver, pero condeno. Envolvámonos en el silencio mientras grito. Abstengámonos del debate mientras debato. No militemos, al tiempo que milito. Aborrezcamos tomar partido pero tomo partido. Alejémonos de todo bando pero únete al mío. No participemos, pero participo. No juzguemos, pero sentencio. No nos pronunciemos, pero repruebo. No adhiramos a ideologías, pero me cuadro. No me manifiesto, pero censuro. No polemizo, pero veto. No admito directrices, dogmatizo. No me adelanto, pero voy con el Adelantado. Amparémonos en la legalidad para el golpe de Estado. Yo no lancé el paro, sino que se me fue de las manos. Yo no fui, pero siempre he sido. No soy ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario. El discurso del privilegio tira la piedra y esconde la mano.
Todos somos culpables. Aquí nos conocemos todos. Aquí nadie es inocente. Nadie puede tirar la primera piedra. Todos tenemos rabo de paja. Todos tenemos tejado de vidrio. Tiburón se baña pero salpica. Somos una sociedad de cómplices. El discurso del privilegio es chantajista.
Mi único verso. Mi cuento único. Mi único ensayo. Mi perfume único que sólo se vende en frasco microscópico. Mi único estudio sobre el estudio de Mengano sobre el estudio de Zutano sobre Octavio Paz. Mi talento único que no condesciende a plasmarse en la imperfección de la obra. Mi única obra que jamás condescenderá a mostrarse. Mi silencio único cuidadosamente administrado. Mi único silencio que no debe ser interpretado como silencio únicamente. El discurso del privilegio es estéril.
Mi beca. Mi subsidio. Mi instituto. Mi ascenso. Mi decanato. Mi rectorado. Mi senaduría. Mi diputación. Mi museo. Mi juzgado. Mi agregaduría. Mi embajada. Mi ministerio. Mi pensión. Mi dividendo. Mi National Endowment for Democracy. Mi Club. Mi cenáculo. Mi rosca. Mi círculo. Mi periódico. Mi canal. Mi programa. Mi apellido. Mi familia. Mi herencia. Mi clase. Mi whisky. Mi restaurante preferido en París. Mi receta. Mi chef. Mi estilista. Mi sastre. El discurso del privilegio es tarifado. Si todos toleraran el privilegio, no habría que encomiarlo. Si nadie amenazara el privilegio, no habría que defenderlo. El discurso del privilegio surge ante la amenaza contra el privilegio, y su intensidad es directamente proporcional a esa amenaza. El único fruto del privilegio es su discurso. Sus víctimas producen todo lo demás.
“Chávez amenaza a escuelas
CARACAS (AP) .- El presidente Hugo Chávez amenazó ayer con cerrar o nacionalizar cualquier escuela privada que se niegue a enseñar los lineamientos de su gobierno socialista.”

Claro que hay gente que canta sobre cosas que a mi no me gustan. No puedo encontrar algo más desagradable que oír a alguien vanagloriarse de reducir a otra a una cosa o de caerle a tiros porque tiene una sobredosis de testosterona y rima mejor o algo así. Mal para mí que de eso trata mucha música popular. Y qué entonces? De alguna forma hay que cruzarse por la calle con gente que piensa y vive diferente a uno, aunque pretendamos que porque accidentalmente compartimos una demarcación política no es así. Hay que vivir juntos, usar las mismas calles, compartir en una comunidad, no sé si tener un Estado, pero si lo tenemos, decidir hasta donde llegan los límites en que aceptamos ejerza el poder de coerción y ser coherentes aunque hagamos muecas al oír una canción obscena.
Sí, la gente vive y hace cosas malas, odia, hiere, usa drogas, tiene sexo desenfrenado y esto aparece en las películas, en las música, en los libros a veces con un propósito de educación moral (claro que todo el que se fuma un joint va a terminar en Hogares Crea) otras presentadas de una forma tan positiva que nos puede parecer peligrosa (Natural born killers…). Y qué entonces?
Es obvio que el arte es reflejo de la vida, a veces de sus aspectos más oscuros. Y qué hacemos? le damos el monopolio al Cardenal y a un grupo de doñas en una comisión designada por el Presidente para decidir que es lo suficientemente lindo para ser divulgado de forma masiva? Ser hipócritas y pretender un consenso sobre lo bueno y lo malo aunque en la noche vayamos a una cabaña? Hay que ver si la censura basada en las creencias morales de unos cuantos que creen ser tan iluminados para saber que es mejor para los demás es coherente con un país libre que supuestamente queremos construir. Sobre todo, en una sociedad cada vez más diversa y en la que tanta gente va a Madrid un mes y vuelve sintiéndose más europeo que dominicano.
Supongamos que ya hemos decidido que hay cosas que son indeseables y por ende, ilegales. En ese caso, es comprensible el miedo del arte cuyo mensaje glamorice ciertas conductas o siquiera las describa. Da miedo, pero la verdad es que quien haga daños a otros debe responder por sus actos y punto. Nuestra condición humana no nos permite medir con exactitud el trecho entre el dicho y el hecho. No sabemos si hablar sobre algo "malo" (digamos ilegal) es una es pura catarsis o hasta que grado puede servir de reforzamiento de una conducta antisocial. Simplemente no lo sabemos.
Mientras tanto, uno trabaja en una emisora, a la gente le gusta una canción y uno no se puede difundir sin exponerse a represalias del Estado. Una Comisión decide que es “aceptable” divulgar por un medio de comunicación masiva y no el público. Aún nos queda pendiente cuestionar si esa autoridad es congruente con una sociedad verdaderamente democrática. Si censurar la música en nombre de la "moral y buenas costumbres" contribuye a desarrollar un país en la que cada uno responda por sus actos y al mismo tiempo pueda elegir sin la interferencia de un grupo de iluminados en una Comisión, incluso, si quiere escuchar una canción en la que el Lápiz habla de forma jocosa de lo bien que lo pasa fumando mariguana y reírse. Sospecho que no pero quizás hay que darle de nuevo una revisadita a la Constitución.
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