Tuesday, September 11, 2007

Entre el dicho y el hecho

Claro que hay gente que canta sobre cosas que a mi no me gustan. No puedo encontrar algo más desagradable que oír a alguien vanagloriarse de reducir a otra a una cosa o de caerle a tiros porque tiene una sobredosis de testosterona y rima mejor o algo así. Mal para mí que de eso trata mucha música popular. Y qué entonces? De alguna forma hay que cruzarse por la calle con gente que piensa y vive diferente a uno, aunque pretendamos que porque accidentalmente compartimos una demarcación política no es así. Hay que vivir juntos, usar las mismas calles, compartir en una comunidad, no sé si tener un Estado, pero si lo tenemos, decidir hasta donde llegan los límites en que aceptamos ejerza el poder de coerción y ser coherentes aunque hagamos muecas al oír una canción obscena.

Sí, la gente vive y hace cosas malas, odia, hiere, usa drogas, tiene sexo desenfrenado y esto aparece en las películas, en las música, en los libros a veces con un propósito de educación moral (claro que todo el que se fuma un joint va a terminar en Hogares Crea) otras presentadas de una forma tan positiva que nos puede parecer peligrosa (Natural born killers…). Y qué entonces?

Es obvio que el arte es reflejo de la vida, a veces de sus aspectos más oscuros. Y qué hacemos? le damos el monopolio al Cardenal y a un grupo de doñas en una comisión designada por el Presidente para decidir que es lo suficientemente lindo para ser divulgado de forma masiva? Ser hipócritas y pretender un consenso sobre lo bueno y lo malo aunque en la noche vayamos a una cabaña? Hay que ver si la censura basada en las creencias morales de unos cuantos que creen ser tan iluminados para saber que es mejor para los demás es coherente con un país libre que supuestamente queremos construir. Sobre todo, en una sociedad cada vez más diversa y en la que tanta gente va a Madrid un mes y vuelve sintiéndose más europeo que dominicano.

Supongamos que ya hemos decidido que hay cosas que son indeseables y por ende, ilegales. En ese caso, es comprensible el miedo del arte cuyo mensaje glamorice ciertas conductas o siquiera las describa. Da miedo, pero la verdad es que quien haga daños a otros debe responder por sus actos y punto. Nuestra condición humana no nos permite medir con exactitud el trecho entre el dicho y el hecho. No sabemos si hablar sobre algo "malo" (digamos ilegal) es una es pura catarsis o hasta que grado puede servir de reforzamiento de una conducta antisocial. Simplemente no lo sabemos.

Mientras tanto, uno trabaja en una emisora, a la gente le gusta una canción y uno no se puede difundir sin exponerse a represalias del Estado. Una Comisión decide que es “aceptable” divulgar por un medio de comunicación masiva y no el público. Aún nos queda pendiente cuestionar si esa autoridad es congruente con una sociedad verdaderamente democrática. Si censurar la música en nombre de la "moral y buenas costumbres" contribuye a desarrollar un país en la que cada uno responda por sus actos y al mismo tiempo pueda elegir sin la interferencia de un grupo de iluminados en una Comisión, incluso, si quiere escuchar una canción en la que el Lápiz habla de forma jocosa de lo bien que lo pasa fumando mariguana y reírse. Sospecho que no pero quizás hay que darle de nuevo una revisadita a la Constitución.

Labels:

0 Comments:

Post a Comment

<< Home